¿Por qué los comandantes de helicóptero van a la derecha?

Cabina de vuelo de un Bell UH-1Y SuperHuey volando en formación con un AH-1Z. Obsérvese la disposición del cíclico (fuente: shephardmedia.com)

Cabina de vuelo de un Bell UH-1Y SuperHuey volando en formación con un AH-1Z. Obsérvese la disposición del cíclico y del colectivo (fuente: shephardmedia.com)

A menudo vemos en las películas como un helicóptero, en las junglas del Vietnam, es pilotado desde el asiento de babor mientras rescatan a sus sufridos compañeros marines de las garras del Vietcong que, inexplicablemente sigue allí escondido, dedicado a torturar norteamericanos. Pues bien, al menos en lo tocante al piloto el gazapo es absoluto. Veamos por qué.

Ante todo debemos decir que la gran mayoría de los helicópteros están certificados para un solo piloto, aunque en algunas configuraciones o usos sea necesaria y obligatoria la presencia de dos pilotos.

Esquema de los principales controles de vuelo de un helicóptero (www.alasewm.com.ar)

Esquema de los principales controles de vuelo de un helicóptero (www.alasewm.com.ar)

Si observamos los mandos de control de un helicóptero, estos están formados por: los pedales, que controlan el rotor de cola, haciendo que el morro del helicóptero se mueva a derecha e izquierda, facilitando el giro, especialmente a bajas velocidades o en estacionario. La palanca de control, llamado cíclico, básicamente es la que hace que el helicóptero se mueva hacia delante, hacia atrás o a los lados. Por último está el colectivo, que, nuevamente de forma básica, controla la potencia de los motores y hace al helicóptero subir, bajar o mantenerse a una altura determinada.

El cíclico se sitúa entre las piernas del piloto y normalmente se maneja con la mano derecha, mientras que el colectivo va situado a la izquierda del asiento y se maneja con esa mano. Dado que este último tiene la forma de de una palanca de sube y baja (como una especie de freno de mano de automóvil), es mucho más cómodo, tanto para acceder al asiento, como si el piloto debe inclinarse para mirar por las ventanillas laterales, por ejemplo si lleva carga a eslinga (esto es, atada mediante cables o eslingas), para controlar esta, volar desde el lado derecho.

Así que recuerden: si ven en los Desaparecidos en Combate, a Chuck Norris a los mandos de un UH-1 Huey en el asiento de la izquierda, desconfíen…

Corazón español: los motores Hispano Suiza de aviación en la Primera Guerra Mundial

El mítico as francés Georges Guynemer fue uno de los primeros pilotos que operó el caza SPAD S.VII. En sus manos, se convirtió en un arma temible, en parte gracias a su propulsor Hispano Suiza (fuente: www.ville-dunkerque.fr)

El mítico as francés Georges Guynemer fue uno de los primeros pilotos que operó el caza SPAD S.VII. En sus manos, se convirtió en un arma temible, en gran parte gracias a su propulsor Hispano Suiza (www.ville-dunkerque.fr)

No somos los españoles, con gloriosas excepciones, muy dados a recordar con orgullo nuestros momentos de éxito colectivo (no valen los Títulos de fútbol y baloncesto, Copas Davis y Mundiales de Motociclismo). Desgraciadamente, puede que sea porque se nos ha vendido un pasado histórico de más sombras que luces, muchas veces a causa de la propaganda antiespañola, que nos ha bombardeado con todo un rosario de tópicos. Lo peor es que la mayoría de las veces pocas voces españolas han salido para contrarrestar con hechos esa información. Como si tuviéramos que pedir perdón por haber sido una nación poderosa, llena de hitos gloriosos y argumentos para ser considerada uno de los puntales de la cultura y la ciencia universales. En parte es algo que va arraigado en lo hispano: el no tener punto intermedio. De la cima a la sima en un solo paso…

Creo que en el campo de la tecnología eso se hace aún más patente. Imaginamos a una España de hace cien años incapaz de crear, de idear y de exportar tecnología, mientras las potencias europeas avanzaban a toda velocidad hacia el progreso. Ciertamente, nuestro país siempre ha estado lleno de luces y sombras, quien lo va a negar. Pero también hay que valorar con mucho nuestras aportaciones, que son mucho más importantes de lo que la gente cree. Humildemente vamos a recordar en estas líneas una de ellas, ni más ni menos que el centenario del primer vuelo de uno de los mejores motores (si no el mejor) que llevó la aviación militar aliada durante la Primera Guerra Mundial: el Hispano Suiza V8. Continue reading

El Zero de Akutan

Uno de los mejores aviones de combate de la historia: El Mitsubishi A6M Zero

Uno de los mejores aviones de combate de la historia: El Mitsubishi A6M Zero

Hubo un tiempo en que el mejor avión japonés, el Zero, se enseñoreaba de los cielos del Pacífico. Los ágiles, aerodinámicos y brillantes cazas Mitsubishi A6M y sus competentes y experimentados pilotos eliminaron toda oposición de los cielos y fueron hasta 1943 el mejor argumento con que contaba Japón para aceptar el difícil reto que había planteado el 7 de Diciembre de 1941 en Pearl Harbor. Durante este tiempo, los aviones aliados llevaron en muchas ocasiones las de perder. Aquel estilizado monoplaza nipón, salido de los tableros de diseño del ingeniero Jiro Horikoshi tenía mejores prestaciones que cualquier rival que se le pusiera por delante. Viraba más rápido, era muy veloz y tenía una descomunal autonomía. Los aliados necesitaban saber que escondía aquella magnífica máquina, y para ello debían capturar intacto aquel peligrosísimo avión. Esta es la historia del primero que obtuvieron los aliados: El Zero de Akutan. Continue reading

Curtiss C-46 Commando: Triunfo en la Sombra

Con setenta años a sus espaldas, este Curtiss C-46 Commando de Buffalo Airways reposa listo para otra jornada de trabajo en las Tierras del Noroeste canadiense. La garza de Lufthansa permanece de los tiempos en que operaba con la aerolínea germana, medio siglo atrás.

Con setenta años a sus espaldas, este Curtiss C-46 Commando de Buffalo Airways reposa listo para otra jornada de trabajo en las Tierras del Noroeste canadiense. La garza de Lufthansa permanece de los tiempos en que operaba con la aerolínea germana, medio siglo atrás.

Hubo un tiempo en que la televisión que me tuvo enganchado mucho tiempo a los canales de documentales. Verdaderamente es un fenómeno social la proliferación de realities que versan sobre cualquier tema, a cual más descabellado. Que si unos zumbados que hacen acuarios, mientras otro tipo que se dedica a devorar platos gigantes de comidas, otros que se llevan coches embargados por la fuerza, o revientan trasteros, por no decir las casas de empeño (sinceramente, seguir a la familia de Las Vegas es más aprovechable que a los matones de Detroit). Yo me quedo, evidentemente con los realities que tengan un mínimo de credibilidad, como los camioneros en el hielo, mecánicos británicos que dejan como nuevos coches sensacionales y, sobre todo, de aviones. Digo esto porque hubo una serie de aviación que me encantaba (descartemos la magnífica Mayday Catástrofes Aéreas porque no se trata precisamente de un reality): Pilotos del Ártico (Ice Pilots NWT), que cuenta la historia del día a día de una aerolínea que opera en uno de los entornos más complicados y duros del mundo, como es el helado Noroeste del Canadá. Pero si es interesante el día a día de las operaciones de la aerolínea, es porque es a través de una flota de aviones cuya edad ronda los sesenta años como mínimo. Buffalo Airways, que es como se llama esta peculiar compañía cuenta con unos cincuenta aviones para efectuar servicios regulares de transporte de pasajeros o carga, incluyendo eternos bimotores Douglas DC-3, cuatrimotores Douglas DC-4 y algunos turbohélices Lockheed Electra. Auténticas leyendas de la aviación. Sin embargo, el que más me llamó la atención fue un bimotor de formas menos agraciadas que el eterno Dakota, aunque bastante más grande. El morro, visto de frente, asemeja un par de labios a punto de dar un beso al espectador. Curioso, sin duda. Verdaderamente oscurecido ante las mencionadas joyas de la aviación, es éste otro de los aviones que tuvieron la mala suerte de volar en la misma época que un avión archifamoso que oscureció la historia de cualquier rival. Hablamos del Curtiss C-46 CommandoContinue reading

Rayos y Fuego de San Telmo sobre los aviones

Un MD-83 en medio de una espectacular tormenta eléctrica

Un MD-83 en medio de una espectacular tormenta eléctrica

De vez en cuando nos sorprendemos viendo en las noticias (normalmente las clásicas secciones de relleno, tras los tostones políticos), imágenes de reactores de pasajeros alcanzados por el terrible fogonazo de un rayo, con el consiguiente comentario «parece un milagro que no haya estallado/se haya partido/se haya desintegrado»… Sin embargo, la cosa es a priori más aparatosa que peligrosa para la propia aeronave. Veamos por qué.

Los aviones, al no estar conectados con la tierra, se cargan de electricidad estática en vuelo por el rozamiento del aire, con lo cual son blancos perfectos para los rayos. Recordemos que un rayo es una poderosa descarga natural de electricidad estática, producida durante una tormenta eléctrica, acompañada de un reflejo luminoso (que denominamos como relámpago) y de un estampido sónico (que llamamos trueno) en su trayectoria por el aire. Es imposible evitar que alguno alcance a una aeronave, pero hay medidas muy eficaces para minimizar los riesgos para los ocupantes del mismo. Un fuselaje está construido, al igual que en los automóviles, como una Jaula de Faraday (o sea, que en su interior el campo electromagnético es nulo) y el rayo puede recorrerlo en su superficie sin afectar al interior hasta terminar escapando por la punta de los planos, estabilizadores o el timón de dirección. Para evitar que se sufran daños, los aviones disponen de descargadores de estática en estas zonas, compuestos por filamentos de carbono y que suelen ser los lugares por donde escapan los rayos. Una vez en tierra, bastará con sustituirlo para que vuelva a estar operativo, aunque será necesario revisar el fuselaje y las alas, en previsión de los agujeros u otros daños que el rayo pudiera provocar en los mismos.

Fuego de san Telmo en el parabrisas de este A320 sobre los cielos de Vietnam (fuente: Jacob Thomsen / Airliners.net)

Fuego de san Telmo en el parabrisas de este A320 sobre los cielos de Vietnam (fuente: Jacob Thomsen / Airliners.net)

En relación a este fenómeno existe otro, tan espectacular y hermoso como el anterior, aunque menos agresivo, que se denomina Fuego de San Telmo y durante siglos era un terrorífico y extraño espectáculo para los marinos, espantados al ver como se producían inexplicables llamaradas en los extremos de los mástiles de los buques de vela durante las tormentas en medio del océano, alterando el curso de las brújulas del navío. En la actualidad, estas llamas, de color azul/violáceo aparecen en las cabinas y en las alas de los aviones. Sin embargo, el Fuego de San Telmo es también un  fenómeno meteorológico, creado también en relación a la electricidad estática que el avión provoca en su movimiento al rozar con el aire. Es una chispa que realmente no es un fuego, y por supuesto no tiene capacidad de quemar nada. Este efecto se denomina efecto corona y surge de la siguiente manera: si un avión se mete en medio de una tormenta, entra asimismo en un campo eléctrico (de ahí las divergencias inexplicables de las brújulas) que causa la ionización de las moléculas del aire, y que termina separándose de sus electrones y creándose un plasma conductor. En ese momento, la tormenta puede descargar brevemente su energía sobre la masa contenida en el campo eléctrico, o sea, el fuselaje y las alas del avión, y se produce una descarga eléctrica electroluminiscente, de color azulado/violeta porque el gas predominante de la atmósfera determina el mismo azul por tanto para el nitrógeno y el oxígeno. El brillo aparece, inofensivo, durante unos minutos, y luego vuelve a empezar el proceso.

Descargadores de Estática en los planos de un Boeing 737

Descargadores de Estática en los planos de un Boeing 737

Todo este curioso fenómeno meteorológico fue detectado por primera vez por el norteamericano Benjamin Franklin en 1749 (cuando aun pertenecía al Imperio Británico), demostrando, tras sus investigaciones para inventar el pararrayos, que era de naturaleza eléctrica, aunque como decimos, inerme. Tan solo para los dirigibles y aerostatos antiguos, cargados del inflamable gas hidrógeno, podría ser un elemento de peligro. De hecho, una de las hipótesis de mayor peso que explicaban la deflagración en 1937 del gigantesco dirigible alemán Hindenburg en Lakehurst (New Jersey), se centran en la aparición del Fuego de San Telmo que provocó un incendio en la cubierta de la enorme aeronave.

Sea como sea, como dudo que nadie vaya a efectuar un vuelo en un dirigible lleno de hidrógeno, ya saben, si tienen suerte de poder ver estos fenómenos meteorológicos, fotografíenlos y disfruten. Merece la pena. Cosas de la ciencia…

Bibliografía consultada:

¿Sabías…? En: Avion Revue, n.368, febrero 2013, p. 96.

Martínez, M. Técnica. En: Avion Revue, n.382, abril 2014, p. 97.

El Martillo del Japón: Boeing B-29 Superfortress

Recreación pictórica de las Superfortalezas regresando a Iwo Jima, averiadas y con heridos a bordo en muchas ocasiones...

Recreación del aterrizaje de emergencia de una de las Superfortalezas en Iwo Jima, tras cumplir una misión de bombardeo sobre el Japón. La construcción de una pista para este fin en la isla volcánica (a 1.200 km del archipiélago nipón) salvó a muchos B-29 averiados de caer al mar en su regreso a las Marianas (fuente: John Shaw Aviation Art)

En anteriores post hemos tocado de forma tangencial la historia, concepción, desarrollo, historial operativo y legado de este avión. Primaba, en un caso, su valor como ejecutor de una de las armas más terribles que el mundo ha podido ver (Enola Gay). En otro, fue, sin embargo, amable protagonista de una divertida cinta de aventuras Disney. Sin embargo, en esta ocasión vamos a hablar del avión como la gran máquina voladora que era, y no solo como concepto de arma ejecutora, arma disuasoria o como simplemente un gran icono aeronáutico, todo ello en la medida de lo posible, ya que es muy difícil desembarazarnos de esos valores en un avión como éste, el Boeing B-29 Superfortress

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