Incidente Mechelen: Oportunidad Aliada Perdida en la “Guerra de Mentira”

Restos del Bf 108 accidentado en las cercanías de Maasmechelen

Restos del Bf 108 accidentado en las cercanías de Mechelen-sur-Meuse.

10 de enero de 1940. Soldados de un puesto fronterizo, situado cerca de la ciudad belga de Mechelen-sur-Meuse (Mechelen-aan-de-Maas en holandés), junto al río Mosa, acuden a inspeccionar un pequeño avión que al parecer ha caído en un campo próximo. Se trata de un Messerschmitt Bf 108 Taifun de enlace, del que han descendido dos militares alemanes y que, ante los sorprendidos ojos de un campesino que ha acudido a ayudarles, están procediendo desesperadamente a quemar unos documentos que parecen de contenido especialmente importante…

Así comienza el que se denominó como Incidente Mechelen y que, según algunos historiadores, fue un regalo desaprovechado del destino que, de haber sido bien empleado, pudo haber cambiado el curso de la Batalla de Francia y en consecuencia, el de los acontecimientos en el Frente Occidental.

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Leviatanes Rusos (V): Kalinin K-7

Tripulación de pruebas y equipo de diseño posan junto al gigantesco prototipo del Kalinin K-7 construído, en 1933. Obsérvese el grueso perfil alar.

Tripulación de pruebas y equipo de diseño posan junto al gigantesco prototipo del Kalinin K-7 construido, en 1933. Obsérvese el grueso perfil alar.

Retomando la serie especial de los mastodontes aéreos diseñados en Rusia a lo largo de los más de cien años de la Historia de la Aviación, vamos en esta ocasión a recordar un extraña máquina voladora que, si bien nunca llegó a entrar en servicio, es probablemente uno de los diseños más controvertidos y arriesgados. Un gigantesco bombardero pesado, que, como otros muchos proyectos de la Historia, nació demasiado inmaduro, o los que lo hicieron nacer fueron demasiado ambiciosos. Se trata del Kalinin K-7.

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Anécdotas e Historias Aeronáuticas del Empire State Building

El Empire State sobresale de entre la niebla envuelto en humo, tras la colisión de un B-25 contra su cara norte, a la altura del piso 79 (http://www.huffingtonpost.co.uk/)

El Empire State sobresale de entre la niebla envuelto en humo, tras la colisión de un B-25 contra su cara norte, a la altura del piso 79, un 28 de julio de 1945. (http://www.huffingtonpost.co.uk/)

Los grandes rascacielos son una de mis grandes debilidades. Sorprenden e imponen, y como los grandes castillos  y catedrales del medievo, muestran sin rubor el estatus y el poder de sus propietarios o de sus constructores. La altura fue, y sigue siendo, su mayor argumento de prestigio, y muchas veces también ha terminado siendo su perdición. Nueva York, la ciudad de ciudades, tiene los ejemplos más famosos y formidables: El One World Trade Center, inaugurado en 2013, junto al espacio de las malogradas Torres Gemelas, el MetLife Building, hogar de halcones peregrinos y construido para la entonces todopoderosa PanAm en 1963, el Metropolitan Life Tower, inspirado en la Plaza de San Marcos de Venecia y el más alto del mundo cuando se acabó en 1909, y mi favorito, el Chrysler Building, una preciosidad Art Decó que representa el poderío del gigante automovilístico americano, mostrando elementos de los automóviles de aquella época, precisamente en los estertores de aquellos “felices veinte”. Tapacubos y emblemas de radiador, brillantes en metal pulido. Busquen por Internet y entenderán lo que les digo.

Sin embargo, ninguno de ellos ha sido capaz de eclipsar al más famoso de todos, uno de los símbolos de la ciudad (usted perdone, Miss Liberty) y posiblemente uno de los primeros en el inconsciente de los norteamericanos. Maravilla de la ingeniería y ejemplo de toda una época, legado del ser humano capaz de superar, cuando se lo propone, todas las dificultades que se encuentre. Mil veces fotografiado y otras tantas filmado, protagonista directo o indirecto del celuloide…efectivamente, hablamos del Empire State Building. Continue reading

El regalo de Arnim Faber a los aliados: la captura del primer caza Focke Wulf Fw 190

El Fw 190A-3 de Farber, tras haber recibido una capa de camuflaje y tapadas todas las cruces, estacionado en un aerófdromo para iniciar uno de sus muchos vuelos de prueba. El número de serie emitido por la Luftwaffe (Werk-Nummer (5)313) ha sido borrado y sustituido por el número de la RAF MP499.

El Fw 190A-3 de Farber, tras haber recibido una capa de camuflaje y tapadas todas las cruces, estacionado en el aeródromo de Farnborough para iniciar uno de sus muchos vuelos de prueba. El número de serie emitido por la Luftwaffe (Werk-Nummer 313) ha sido borrado y sustituido por el número de la RAF MP499.

23 de junio de 1942. Uno de los magníficos nuevos cazas en uso por parte de la Luftwaffe, el ágil Focke-Wulf Fw 190A, regresa de una misión de combate sobre los cielos de Bretaña, enfrentándose a varios Supermarine Spitfire Mk.V de la RAF. Corto de combustible, su piloto, el Oberleutnant  (Teniente Primero) Arnim Faber, se dispone a regresar a su base de partida, pero no es capaz de localizarla y decide tomar tierra en el primer aeródromo que encuentre. Cuando ve uno, decide efectuar un orgulloso medio tonel mientras baja el tren de aterrizaje y extiende los flaps. Alinea su pequeño Würger (Alcaudón) y toma tierra sin problemas.

Pero al cortar el encendido de su potente motor BMW se da cuenta de que algo no va bien. El personal de tierra de aquel aeródromo no viste como debiera. ¡es personal de la RAF! ¡Acaba de aterrizar en una base enemiga! ¿Como ha sido posible?
Así sucedió una de las mejores, y más sencillas, capturas de un equipo militar por parte del enemigo durante la segunda Guerra Mundial. Uno de los mejores aviones de combate alemanes había caído en manos aliadas, por un error de un piloto alemán. Esta es la historia…

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El Escudo Ferrari y el origen del Cavallino Rampante

Francesco Baracca posa junto a su potente SPAD S.XIII con el cavallino rampante en el costado de babor del fuselaje (fuente: defencetalk.com)

Francesco Baracca posa junto a su potente SPAD S.XIII con el cavallino rampante en el costado de babor del fuselaje. (defencetalk.com)

Cuantísimo se ha escrito sobre la historia de la más famosa de las marcas de automóviles de lujo: Ferrari… de la historia de la marca, del perfil de su creador, de sus éxitos y fracasos, y de sus mejores y más famosos tópicos. El color rojo inimitable, la herencia Alfa Romeo, los mejores pilotos de Fórmula 1 o Gran Turismo que los han pilotado. Otras marcas han batallado con el fabricante de Maranello para arrebatarle ese papel universal que sin embargo nadie ha sido capaz de suprimir (y lo dice un fanático de los mejores Pegaso de los cincuenta, orgullo de una España ya muy lejana).

Quizá no haya mejor icono para identificar a Ferrari que su propio emblema, el eterno cavallino rampante, símbolo de potencia y orgullo, pintado en color negro sobre un fondo amarillo. Más de un aficionado ya sabrá que su origen parte en el emblema personal de un as de la aviación italiana durante la Primera Guerra Mundial, Francesco Baracca, posiblemente el mejor aviador en el bando transalpino durante aquella denominada “Gran Guerra”. Pero, ¿sabemos realmente como ha llegado ese escudo a lucir en los famosos y rojos coches deportivos diseñados por Enzo Ferrari? Continue reading

“Tokyo Rose”: La primera incursión de una Superfortaleza sobre Tokio

Steakley (primero empezando por la derecha) y su tripulación, posan ante el F-13 "Tokyo Rose" en esta fotografía publicitaria para la prensa, ya de regreso en Estados Unidos

Steakley (primero empezando por la derecha) y su tripulación, posan ante el F-13 “Tokyo Rose” en esta fotografía publicitaria para la prensa, ya de regreso en Estados Unidos.

El 1 de noviembre de 1944, los habitantes de Tokio oyeron sonidos de motores aeronáuticos y miraron al cielo. Realmente quedaron muy conmocionados cuando comprobaron que se trataba de una avión norteamericano. Ya quedaba muy lejos aquel raid de 1942, cuando Doolittle atacó la ciudad por sorpresa. Las baterías antiaéreas empezaron a disparar y los aviones interceptores despegaron. El plateado avión, que parecía gigantesco, dio varios círculos durante una media hora sobre la capital y terminó desapareciendo. Los civiles tokiotas celebraron aliviados que aquel enorme cuatrimotor no hubiera lanzado nada, pero sintieron aquella visita como un mal presagio. No era para menos. Aquel avión, bautizado como Tokio Rose, era una versión de reconocimiento que llevaría a los Servicios de Inteligencia Aliados toda la información posible para iniciar una gigantesca campaña de bombardeo contra el Archipiélago Japonés… Continue reading