El Extraño Vuelo de Rudolf Hess

El Reichsleiter Rudolf Hess se prepara en las instalaciones de la Messerschmitt en Augsburgo para subir al Bf 110 que lo llevaría a Escocia (http://warfarehistorynetwork.com).

El Reichsleiter Rudolf Hess se prepara en las instalaciones de la Messerschmitt en Augsburgo para subir al Bf 110 que lo llevaría a Escocia (http://warfarehistorynetwork.com).

De entre los muchos interrogantes que cubren todas las guerras que han acontecido en la loca historia de la Humanidad, quizá los que incumben a los conflictos de nuestro siglo son los más debatidos y estudiados. Supongo que por dos razones. En primer lugar, la cierta abundancia de información disponible, procedentes de fuentes primarias. En segundo lugar, y no menos importante, la relativa cercanía de sus protagonistas en el tiempo lo hacen más atractivos y polémicos, imagino porque el componente de morbo les afecta en mayor grado.

Durante la Segunda Guerra Mundial estos interrogantes o enigmas han sido múltiples y variados, tratándose del conflicto bélico cuya bibliografía es más abundante. Y a pesar de todos los esfuerzos, aún quedan muchos enigmas aun pendientes de resolver, bien porque sus protagonistas nunca dejaron constancia de sus actos, porque fueron silenciados o porque nunca se ha querido revelar, por razones que se nos escapan.
Una de estas extrañas historias comienza en 1941, en una base aérea de la Luftwaffe en Augsburgo, en Baviera. Un bimotor Messerschmitt Bf 110E-1 se encuentra listo para despegar, cargado de combustible. Aunque normalmente lleva una tripulación de dos hombres, en esta ocasión solo sube a la carlinga una persona. Se trata de Rudolf Hess, lugarteniente del Führer y número tres en la escala de la pirámide del Tercer Reich. Pocas personas sabían que se disponía a realizar uno de los viajes más extraños y controvertidos de la Historia de la Segunda Guerra Mundial.

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Del NAMC YS-11 al Mitsubishi MRJ: Programas Japoneses de Aviación Comercial

Dos NAMC YS-11A-200 operados por All Nippon, estacionados en el aeropuerto Itami de Osaka, en marzo de 1975 (Malcolm Wilson / Airliners.net)

Dos NAMC YS-11A-200 operados por All Nippon, estacionados en el aeropuerto Itami de Osaka, en marzo de 1975 (Malcolm Wilson / Airliners.net)

Es sorprendente como uno de los paises más industrializados y desarrollados tecnológicamente del mundo, como es el Japón, no marque también, en el pasado reciente y en la actualidad, uno de los sectores en los que se muestra de mejor manera el potencial industrial de una nación o bloque de ellas, como es la aviación. Ciertamente, el pasado está lleno de productos japoneses de gran nivel, pero por ciertas razones nunca pudieron competir con los que se ofrecían en los mercados occidentales, principalmente los norteamericanos. En el arco de los últimos sesenta años, y si nos atenemos a la producción civil, solo dos grandes proyectos han sido protagonizados por la industria nipona. Uno de ellos, el NAMC YS-11 cumplió correctamente, sin más, con el papel de transporte turboprop regional en los sesenta, setenta y ochenta. El otro, el prometedor Mitsubishi MRJ, aun no ha entrado en servicio comercial y sobre él se siguen cerrando oscuros nubarrones sobre la viabilidad de su futuro. Continue reading

El día en que Nell y Betty humillaron a la Royal Navy: El hundimiento de la Fuerza Z y los bombarderos Mitsubishi G3M y G4M

Recreación de uno de los G4M1 lanzando un torpedos contra uno de los buques de la Fuerza Z

Hermosa recreación pictórica de la batalla, en la que uno de los Mitsubishi G4M1 lanza un torpedo Tipo 91 contra uno de los buques de la Fuerza Z

Es casi seguro que fue el año de 1941 el peor de todos los vividos por la Armada Británica durante la Segunda Guerra Mundial, y posiblemente comparable a los dramáticos meses de 1805, antes de la gran Batalla de Trafalgar. En Mayo, los británicos habían perdido en el Atlántico Norte al gran crucero de batalla HMS Hood, hundido por los certeros proyectiles del poderoso acorazado alemán Bismarck, y submarinos alemanes  habían torpedeado y hundido en el Mediterráneo al portaaviones HMS Ark Royal y al acorazado HMS Barham, éste último con gran pérdida de vidas. Pero en el último mes de aquel año, la siempre orgullosa Royal Navy iba a sufrir un durísimo golpe por parte de la armada japonesa, aunque esta vez, no desde donde pensaban encontrarse a sus enemigos naturales en el mar, sino desde un nuevo rival mucho más agresivo y letal…

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Golondrinas contra Fortalezas: Teruhiko Kobayashi y el Kawasaki Ki-61 Hien

l Capitán Teruhiko Kobayashi posa delante de su Kawasaki Ki-61-I Hien,en el aeródromo de Chofu. Su unidad, el 244º Sentai era una de las unidades más veteranas dedicadas a la protección del espacio aéreo nipón.

El Capitán Teruhiko Kobayashi posa delante de su Kawasaki Ki-61-I Hien,en el aeródromo de Chofu. Su unidad, el 244º Sentai, era una de las unidades más veteranas dedicadas a la protección del espacio aéreo nipón.

3 de diciembre de 1944. Una formación cerrada de 86 Superfortalezas vuela en dirección a Tokio procedente de Saipán. De pronto, a las 14.16 horas (hora local), un interceptor Kawasaki Ki-61 ataca desde lo alto al bombardero situado en cabeza (B-29-41-BW, matrícula 42-24656 y bautizado como  Rosalía Rocket), impactando en los motores 2 y 4 al instante. Inmediatamente, el pesado bombardero empieza a perder altura y velocidad y se sale de la formación. Rodeado por hasta una docena de cazas japoneses que lo atacan como lobos, el B-29 cae en ángulo de 80 grados a tierra. Nueve de sus tripulantes logran saltar del avión. Uno de los pilotos que logró alcanzar de muerte al bombardero fue Teruhiko Kobayashi. Y es que, a finales de 1944, el capitán Kobayashi se iba a convertir, con solo 24 años, en el jefe de regimiento más joven que volaba en las Fuerzas Aéreas del Ejército Japonés, al mando del 244º Sentai. En la orgía de fuego que se habían convertido las ciudades del Japón debido a las cada vez más precisas y destructivas incursiones de los B-29 Superfortress americanos, Kobayashi fue uno de los escasos aviadores capaz de derribar un número significativo de aquellos gigantescos bombarderos, y sobre todo, vivió para poder contarlo. Hablamos de él y de su montura, el esbelto Kawasaki Ki-61 Hien (Golondrina)…
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El regalo de Arnim Faber a los aliados: la captura del primer caza Focke Wulf Fw 190

El Fw 190A-3 de Farber, tras haber recibido una capa de camuflaje y tapadas todas las cruces, estacionado en un aerófdromo para iniciar uno de sus muchos vuelos de prueba. El número de serie emitido por la Luftwaffe (Werk-Nummer (5)313) ha sido borrado y sustituido por el número de la RAF MP499.

El Fw 190A-3 de Farber, tras haber recibido una capa de camuflaje y tapadas todas las cruces, estacionado en el aeródromo de Farnborough para iniciar uno de sus muchos vuelos de prueba. El número de serie emitido por la Luftwaffe (Werk-Nummer 313) ha sido borrado y sustituido por el número de la RAF MP499.

23 de junio de 1942. Uno de los magníficos nuevos cazas en uso por parte de la Luftwaffe, el ágil Focke-Wulf Fw 190A, regresa de una misión de combate sobre los cielos de Bretaña, enfrentándose a varios Supermarine Spitfire Mk.V de la RAF. Corto de combustible, su piloto, el Oberleutnant  (Teniente Primero) Arnim Faber, se dispone a regresar a su base de partida, pero no es capaz de localizarla y decide tomar tierra en el primer aeródromo que encuentre. Cuando ve uno, decide efectuar un orgulloso medio tonel mientras baja el tren de aterrizaje y extiende los flaps. Alinea su pequeño Würger (Alcaudón) y toma tierra sin problemas.

Pero al cortar el encendido de su potente motor BMW se da cuenta de que algo no va bien. El personal de tierra de aquel aeródromo no viste como debiera. ¡es personal de la RAF! ¡Acaba de aterrizar en una base enemiga! ¿Como ha sido posible?
Así sucedió una de las mejores, y más sencillas, capturas de un equipo militar por parte del enemigo durante la segunda Guerra Mundial. Uno de los mejores aviones de combate alemanes había caído en manos aliadas, por un error de un piloto alemán. Esta es la historia…

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El Escudo Ferrari y el origen del Cavallino Rampante

Francesco Baracca posa junto a su potente SPAD S.XIII con el cavallino rampante en el costado de babor del fuselaje (fuente: defencetalk.com)

Francesco Baracca posa junto a su potente SPAD S.XIII con el cavallino rampante en el costado de babor del fuselaje. (defencetalk.com)

Cuantísimo se ha escrito sobre la historia de la más famosa de las marcas de automóviles de lujo: Ferrari… de la historia de la marca, del perfil de su creador, de sus éxitos y fracasos, y de sus mejores y más famosos tópicos. El color rojo inimitable, la herencia Alfa Romeo, los mejores pilotos de Fórmula 1 o Gran Turismo que los han pilotado. Otras marcas han batallado con el fabricante de Maranello para arrebatarle ese papel universal que sin embargo nadie ha sido capaz de suprimir (y lo dice un fanático de los mejores Pegaso de los cincuenta, orgullo de una España ya muy lejana).

Quizá no haya mejor icono para identificar a Ferrari que su propio emblema, el eterno cavallino rampante, símbolo de potencia y orgullo, pintado en color negro sobre un fondo amarillo. Más de un aficionado ya sabrá que su origen parte en el emblema personal de un as de la aviación italiana durante la Primera Guerra Mundial, Francesco Baracca, posiblemente el mejor aviador en el bando transalpino durante aquella denominada “Gran Guerra”. Pero, ¿sabemos realmente como ha llegado ese escudo a lucir en los famosos y rojos coches deportivos diseñados por Enzo Ferrari? Continue reading